Hija de puta
Miradla ahí, que vacilante mirándome fijamente orgullosa de saber que no podrá servirme. Que no podré una vez más introducirle mi tarjeta en uno de sus numerosos orificios. Se siente orgullosa de ser la primera vez que es capaz de elegir si servir o no.
Ahora que la veo me pregunto que hubiera pasado si hubiera introducido mi tarjeta. Podría haber provocado un cortocircuito que produjera la salida incesante de billetes a cascoporro sobre mi, mientras sonrío con las manos abiertas mirando hacia arriba agradeciéndole a alguien mi nueva fortuna, todo esto a cámara lenta por supuesto.
O puede que me hubiera salido un rótulo en pantalla diciendo: “¿Deseas empezar tu aventura?”, y mirar hacia abajo y ver que realmente el cajero no estaba enchufado. Hubiera estado jugando a algo en plan Tron, o le hubiera pedido ser mayor para poder trabajar en una fábrica de juguetes o probador de juegos, o ser uno de los fundaderos de Google.
O puede que … simplemente se la hubiera quedado dentro, la muy hija de puta.


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